26 de Mayo: Mujeres del Cairo

Yousry Nasrallah es el director de Mujeres del Cairo. Nació en 1952. Se licenció en Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de El Cairo. Entre 1978 y 1982 trabajó como crítico de cine y apartir de 1982 ayudante de dirección hasta que en 1987 rodó su primera película, Sarikat Sayfeya (Robos de verano), que inauguró la Quincena de Realizadores de Cannes 1988.
Dejemos que sea el mismo el que nos introduzca en esta película:
P.- La película presenta un Egipto infernal para la mujer.
Egipto es un infierno para cualquiera. A la represión gubernamental, tras 60 años de régimen militar, se suma la religiosa, impuesta por el integrismo islámico, en ascenso desde los 70. Ahora intentan prohibir el libro Las mil y una noches.
P.- Pero la peor parte les toca a las mujeres.
Sí. La conciencia popular considera esencial la virginidad y ve a la mujer como fuente del Mal y de perdición, y ellas lo aceptan poniéndose el velo. El 70 por ciento de los hogares egipcios dependen del trabajo femenino, pero ellas ganan menos y tienen menos derechos que los hombres.
P.- El velo no parece que le guste mucho.
Es reaccionario. Lo odio y apoyo su prohibición cuando es integral, el burka. Le dediqué un documental (Sobyan wa banat, 1995), porque quería saber cómo funcionaban la seducción y el amor entre los jóvenes con el velo de por medio. Como cineasta me pregunto: ¿Qué hace la gente para subvertir esa situación?
Hay una poderosa imagen en «Mujeres de El Cairo» que define muy bien la postura anti-velo del realizador Yousry Nasrallah. Tiene lugar en la secuencia en la que la protagonista, una mujer moderna, se encuentra en un vagón de metro rodeada de otras mujeres y todas ellas llevan el velo puesto. Como es la única que no lo lleva, no le queda otro remedio que tragarse su orgullo y ponérselo.
Tan explícita escena, que sólo se puede dar en lugares como El Cairo, deja bien sentado que no hay libertad para ese tipo de elecciones, por más que los islamistas defensores del velo nos quieran vender que las jóvenes que se cubren la cabeza lo hacen por voluntad propia. Es un tema de imposición cultural que no admite posturas individuales. Siempre se podrá alegar que a los occidentales nadie nos ha dado vela en este entierro y que no somos quiénes para juzgar otros usos y costumbres.
En su película «Mujeres de El Cairo», lejos de presentar esa crucial secuencia de forma aislada, la integran dentro de una más completa denuncia de la situación de constante humillación que sufren las mujeres en su país, y a todos los niveles o estratos sociales. De ahí que el mayor valor de la película sea el amplio espectro demográfico que repasa, yendo desde la mujer profesional de estilo occidentalizado hasta las más humildes y dependientes del estilo de vida tradicional.
P.- ¿Ha sufrido mucho con la censura?
Suelo tener problemas, pero esta vez me han hecho un solo corte, de cinco segundos, eliminando de la versión egipcia el último plano de la escena del aborto, en la que se ve el feto. No estaba en el guión pero la rodé para mostrar lo duro que es pasar por eso, porque en mi país se considera el aborto tan simple como hacerse la manicura.
P.- La mujer apenas aparece en el nuevo cine de su país, está relegada a un segundo plano. En cambio, usted ha escogido a una especie de guerrillera que se rebela ante sus jefes, su marido...
Sí, todo tipo de relación entre hombres y mujeres se evita en el cine egipcio. Pasa en otros países como en Irán, cuyo cine tiene muchos títulos sobre niños pero reduce al mínimo el mundo de las mujeres. Por eso me interesaba el tema deMujeres de El Cairo, porque se rebela contra esta censura y porque tiene un doble discurso, pues la propia actriz (Mona Zakki) también ha tenido problemas al enfrentarse a papeles de este tipo.
La narración arranca en «Mujeres de El Cairo» por el status más alto, con un matrimonio de profesionales de la comunicación perfectamente establecido. El equilibrio entre ellos se rompe por culpa de la ambición de él, ya que su ascenso en el periódico donde trabaja pasa porque ella no cause problemas en su programa televisivo. Es muy directa e incisiva a la hora de hacer oposición política, lo que le crea enemigos en el gobierno. Deberá sacrificarse para ayudar a su marido, cambiando los temas de contenido político por otros más de tipo sociológico. Esa es la razón por la que la conocida presentadora comienza a tratar casos de mujeres en un estilo cercano al reportaje callejero o el reality show.
Pero lo que la comunicadora no tarda en comprobar es que en Egipto hablar de mujeres es entrar en un campo minado que, al final, acaba conectando de nuevo con la política. Cada uno de los casos que traslada a la pequeña pantalla dispara la polémica, porque los hombres no quieren que la realidad de la mujer salga a la luz como reflejada en un espejo.
Si el asunto ya resulta de por sí controvertido en Egipto, lo que allí ha causado todavía más desconcierto es el protagonismo de la actriz Mona Zakki, que en las películas de consumo interno suele hacer papeles virginales y gratos a la censura local. Verla convertida en una mujer moderna y dispuesta a denunciar el machismo más involucionista ha provocado allí una especie de shock colectivo. Sin embargo, la popularidad de la que goza ha permitido que los censores no se hayan ensañado con «Mujeres de El Cairo» y el único corte que han hecho es la eliminación de las imágenes de un aborto en el que se mostraba a cámara el feto.
La transformación de Mona Zakki forma parte de un movimiento opositor comparable al que se está dando en Irán, si bien el propio Yousry Nasrallah reconoce que en Teherán las cosas son peores porque encarcelan a cineastas como Jafar Panahi. Eso no quita para que la presión sea mucha, hasta el punto de que la libertad dentro de su propia cultura se encuentra en peligro.
P.- A través de distintas subhistorias la trama aborda temas como el matrimonio de conveniencia, el aborto, la infidelidad... ¿Se le quedaron muchos más fuera?
En realidad la película es un espejo en el que el tema principal es la represión. Se trata de mostrarla en general en Egipto, de enseñar cómo funciona y cómo la gente la integra hasta tal punto que incluso se la lleva a la cama. Mujeres de El Cairo refleja un sentimiento muy concreto y real, pero no deja de ser una representación de lo que ocurre en esa ciudad.
P.- Antes hablaba de hacer películas que no alienasen a la gente, que se vieran en las salas. ¿Lo dice con la pretensión de remover algo en el público?
No hago películas para abrir los ojos a nadie, pero es obvio que quiero decir algo. No porque hable de mujeres voy a pensar en liberarlas. Mi anterior película abordaba el tema del miedo y no por ello me planteé que el público superase sus temores. Supongo que si en algo he ayudado es a normalizar ciertas cosas. Yo, desde luego, me lo pasé muy bien con esta película.
Lo sangrante es que ellas son las que trabajan, las que constituyen el sector productivo del país. Dicho esfuerzo no sólo no les es reconocido, sino que a cambio deben aceptar la sumisión al hombre que no cambia con el paso de los siglos y la entrada en el nuevo milenio.
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